Consonancia y disonancia · Inversión y consonancia · Teoría musical
Un intervalo consonante suena estable, en reposo; uno disonante suena tenso y pide moverse. La teoría tradicional, la que se pregunta en los exámenes, los…
Consonancia y disonancia
Un intervalo consonante suena estable, en reposo; uno disonante suena tenso y pide moverse. La teoría tradicional, la que se pregunta en los exámenes, los clasifica así.
Son consonancias perfectas el unísono, la 8ª y la 5ª justas. La 4ª justa también se considera consonante sola, aunque en armonía, sobre el bajo, se trata como disonancia. Son consonancias imperfectas las 3ª y 6ª mayores y menores. Son disonancias las 2ª y 7ª y todos los intervalos aumentados y disminuidos.
Esta clasificación no es una ley del oído: cambió con los siglos. En la Edad Media la 3ª se consideraba disonante, y hoy muchas músicas tratan la 7ª como un color estable. Sirve para entender la armonía clásica, donde cada disonancia pide una resolución.
De dónde sale la consonancia
Cuando suena una nota, en realidad vibran a la vez sus armónicos: múltiplos exactos de su frecuencia. Los primeros forman la octava, la 5ª, la 4ª y la 3ª mayor, en ese orden. Esas proporciones tan simples se conocen desde Pitágoras, que las estudió en el monocordio, y en el siglo XIX Helmholtz propuso una explicación física: cuanto más coinciden los armónicos de dos notas, menos batimientos y más estable suena el intervalo.